Con sus 172 años, el Teatro Municipal Alberto Saavedra Pérez es el más antiguo de Sudamérica y continúa activo

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La Paz/AMN.- Desde hace 172 años una joya brilla en el centro de la ciudad de La Paz, es el Teatro Municipal Alberto Saavedra Pérez, es el más antiguo de Sudamérica y continúa trabajando. Casi todos los paceños lo visitaron alguna vez, pero fuera del Hall, el Teatro de Cámara y el escenario principal, el resto de los ambientes del recinto no son de conocimiento público, ellos tienen un particular misticismo y transitarlos puede considerarse un privilegio reservado a pocos. La AMN tuvo esa oportunidad y conoció algo más de la historia de esta estructura.

El teatro fue diseñado por José Núñez del Prado, esta edificación fue construida durante los primeros años de la República. Según registros, su fachada experimentó varias intervenciones, de hecho se indica que queda poco de su concepción arquitectónica inicial.

Se inauguró el 18 de noviembre de 1845 con su primera función: la presentación de la Canción Patriótica, ahora conocida como el Himno Nacional; sin embargo, la gran mayoría de los shows posteriores carecen de registro, haciendo la historia de este teatro muy difusa.

“Son miles de datos que no existen, nadie se ha preocupado de reconstruir la historia del Teatro Municipal (…) eso hay que documentarlo, como cuál ha sido la obra más vista en el teatro, hay tantas cosas que hay que investigar”, opina la jefa de la Unidad de Teatros Municipales, Mabel Franco, mientras guía la visita a través del lugar.

La primera habitación a la cual ingresó AMN es una de las salas de ensayo, ubicada en el segundo piso. Ella se encuentra colmada de instrumentos antiguos de teclado, ¿cuántos años tienen?, no se sabe. Un piano de cola, dos pianos de pared, una celestina, entre otros, todos yacen cubiertos con telas y forros en el cuarto de cinco por ocho metros.

La luz que entra generosa por los ventanales translúcidos y los espejos de dos metros de alto que cubren las paredes, hacen que esa habitación, a pesar de estar tan lleno de objetos, gane amplitud.

El piso es de madera y la Jefa de Unidad, cuidadosa, patina sobre unos trapos para no dañar los tablones recién cepillados. Ella, mientras se da el trabajo de lustrar un poco el piso, comenta sus planes: colocar los vestuarios más vistosos de la utilería del teatro, y los programas y los afiches de antiguas funciones en exhibición. Sería un pequeño museo del Teatro Municipal, indica, el primero en su tipo.

“Esperamos que este sea un pequeño estímulo para que investigadores del teatro, de la historia de La Paz se interesen y empiecen (…) Sería genial que alguien escribiese la historia de este teatro”, dice.

Asimismo, dentro del cuarto, se alza una especie de balcón. Para subir a él hay que hacerlo por unas crujientes gradas de madera, que llevan a otra sala de práctica más pequeña, pero más iluminada. Franco deja de ser tan cuidadosa con el suelo, pero no abandona su prudencia, los tablones de esta habitación acaban de ser arreglados. “Estaba muy mal, tenía termitas. Pero ya me han dado presupuesto para cepillarlo y eso voy a hacer”, cuenta. En general, el mantener toda la infraestructura del teatro implica una inversión constante por parte del Gobierno Autónomo Municipal de La Paz (GAMLP).

De igual manera, cabe recalcar que La Paz es el municipio con mayor infraestructura en materia de cultura de todo el país. “Tenemos seis teatros, seis escenarios, por lo tanto imagínate mantenerlos. Se deterioran, el uso de la gente deteriora el teatro que da miedo”, dice Franco.

En la esquina derecha del cuarto, cerca a la entrada, papeles se apilan formando una torre de aproximadamente 50 centímetros de altura. La encargada afirma que no quiere tirar nada de eso, pues puede contener algún registro de la historia del establecimiento. “Veremos qué es”, comenta al referir que lo hará para evitar botar a la basura algún documento que pueda considerarse importante.

Franco señala que la información sobre el Teatro Municipal está dispersa en hemerotecas, registros y documentos, por lo cual es muy importante guardar aquello que se encuentra.

Detrás del escenario

Caminando tras del escenario, en el primer piso, pueden verse los camerinos comparsa (grupales) y los individuales. Todos cuentan con espejos y la iluminación los inunda.

Unas gradas de madera, justo debajo del escenario, llevan a la fosa donde usualmente la orquesta interpreta la música durante las funciones como óperas o ballets. El espacio tiene una dimensión similar al mismo escenario. El techo, un poco bajo, mide alrededor de dos metros. Las paredes están cubiertas de espejos. En ese momento unas niñas practicaban ballet con sus trajecillos rosas. “Perfeccionando detalles para la función de hoy día”, comenta la funcionaria municipal.

Al volver al escenario, al extremo izquierdo, existe una puerta de ingreso al cuarto donde se guarda un piano de cola. El lugar es prácticamente un búnker, tanto que los celulares pierden la señal de conexión. El enorme instrumento está resguardado junto a una diversidad de violines, contrabajos, vientos y otros que cuelgan de las paredes.

El personal

Es normal y habitual ver que, mientras se espera el inicio de la función en las butacas, niños, niñas, jóvenes y adultos alcen sus rostros hacia el techo del teatro donde encontrarán plasmados en el plafón pintado por Le Meteyer, imágenes de los grandes genios Cervantes, Shakespeare, Wagner y Verdi. Ellos fueron los únicos testigos de todas las obras presentadas en el lugar, siempre acompañados por sus musas, Euterpe, Talia, Calíope y Melpómene. Al medio, la araña de 84 focos de 40 wats, ilumina las butacas entre sus cristales. No puede negarse que todo visitante se maraville con la belleza y precisión de esas pinturas, es casi una mini Capilla Sixtina.

El resguardo de este patrimonio no es gratis ni es pasivo. “Entre los sueldos del personal, servicios como el agua, la luz, la limpieza, la seguridad, todo eso, si tú lo sumas, es altísimo. No se recupera por la actividad que se hace en los teatros”, asevera la Jefa de Unidad.

El teatro pocas veces llena su capacidad de 700 espectadores. Aunque sólo se presenten 50 a cada puesta en escena, ello exige el trabajo de decenas de personas. El personal de planta del teatro incluye a cuatro técnicos, un jefe de área y seis personas que trabajan como administrativos. Los artistas se suman para hacer posible la puesta en escena. “El montaje se hace con ellos siempre, todos los días puede llegar a haber desde 60 hasta 70 personas, dependiendo de la obra”, dice la encargada.

El Teatro Municipal tiene una presentación todos los días. Por lo general, la jefa de unidad comenta que trata que los lunes sea un día libre, “pero a veces no queda más remedio y lunes más hay actividad”. En el caso de los meses de julio y octubre, al ser meses especiales para La Paz, por lo general todos los días están copados.

“La gente piensa que el personal llega y empieza. No, a veces están desde la mañana montando luces, es todo un trabajo”, asegura Franco.

Sin réditos para la Alcaldía

“Este es un espacio de apoyo a la cultura, por lo tanto no están abiertos los teatros para ganar dinero. Si se tuviese que ganar sería bastante inaccesible, tanto para los artistas como también el público (…) por lo tanto siempre terminamos con números en rojo, siempre”, explica la autoridad, agregando que los costos están subvencionados.

Aún así, Franco insiste que apoyar el arte no consiste en un acto de beneficencia, sino el espectador debe asumir un riesgo y enfrentar lo que propone el artista.

“Tú siempre ganas cuando vienes a ver una obra, aunque sea horrible. Aquí lo que vas a ver es una actividad de riesgo, es lo que siempre digo, y se arriesgan los artistas y se arriesga el público (…) Vengan, pero pensando que sin la presencia del público tampoco hay arte”.

Joyas del teatro

De vuelta a su oficina, Franco develó las nuevas adquisiciones del teatro: una serie de folletos, carteles y sinopsis de antiguas obras presentadas exclusivamente en el Teatro Municipal. Estos fueron regalos de la actriz Maritza Wilde.

Sin ocultar su emoción ante esa documentación, la funcionaria muestra los impresos de Rutuchi de Adolfo Mier Rivas, el Teatro el Arte de Adolfo Paz, Matrimonio Aymara de Eduardo Perales, El Hombre de la Mancha por Mabel Rivera, Ipsen de Maritza Wilde, Colón del Teatro de los Andes, entre otras decenas de folletos. Observa unos, comenta otros y se maravilla.

“Es que empiezas a mirar y dices me muero, son joyas, por lo menos a mí me emociona hasta las lágrimas (…) Todo esto no puede estar en un estante, tiene que verlo el público. Tiene que encontrarse con esto, es parte de su historia”, asegura.

Esos documentos serán ordenados y catalogados, además de ser exhibidos en los próximos meses para mostrar la historia del teatro. De esa forma y con otras acciones se quiere recuperar la historia de este patrimonio artístico paceño: una joya que aún reluce en el centro de la ciudad.